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Guadalajara gana cancha y mural; San Luis se queda con la foto del alcalde trabajando fuera
La rehabilitación de espacios públicos en Guadalajara es positiva para los tapatíos, pero el viaje de Enrique Galindo abre una pregunta incómoda: qué beneficio concreto obtiene la ciudadanía potosina cuando su alcalde participa en jornadas de trabajo público en otro municipio.
La presidenta municipal de Guadalajara, Vero Delgadillo, y el alcalde de San Luis Potosí, Enrique Galindo, encabezaron una jornada de corresponsabilidad en el sur de la capital jalisciense, donde se entregó una cancha renovada en la Unidad Deportiva de la colonia El Sauz y se realizaron labores de limpieza en el Canal Colón, en la colonia El Carmen.
La intervención tiene valor para Guadalajara. Recuperar una cancha, sumar arte urbano y promover participación vecinal son acciones correctas cuando responden a necesidades locales. El punto crítico no está ahí, sino en la presencia del alcalde potosino como protagonista de una jornada cuyos beneficios visibles quedaron del lado tapatío.
El comunicado presenta el acto como un hermanamiento entre ciudades, simbolizado por un mural con la Caja del Agua y La Minerva. La imagen funciona bien para la fotografía institucional: dos ciudades unidas por arte público, autoridades con escoba en mano y discurso de corresponsabilidad. Pero para la población de San Luis Potosí queda sin respuesta lo esencial: qué gana la capital potosina con que su alcalde acuda a trabajar físicamente en espacios públicos de otro municipio.
Delgadillo destacó que el mural fue apadrinado por el equipo de San Luis Potosí y afirmó que ambas administraciones comparten una política de corresponsabilidad. Galindo, por su parte, celebró la oportunidad de hermanar a las dos ciudades “trabajando por el bienestar de nuestra gente”. La frase, sin embargo, se vuelve problemática cuando “nuestra gente” no parece referirse de manera directa a quienes lo eligieron para gobernar San Luis Capital.
Después de la entrega de la cancha, ambos alcaldes participaron en la limpieza del Canal Colón y en el balizado de calles aledañas. La escena refuerza el mensaje de cercanía con la ciudadanía, pero también puede leerse como una postal difícil de justificar ante una capital potosina que mantiene pendientes propios en servicios, mantenimiento urbano, movilidad, alumbrado, drenaje y recuperación de espacios públicos.
El hermanamiento entre municipios puede ser útil si deriva en proyectos, intercambio técnico, recursos, rutas turísticas, cooperación económica o programas medibles. Pero el comunicado no precisa compromisos concretos para San Luis Potosí, ni beneficios directos para sus colonias, ni acciones que vayan más allá del gesto simbólico y la presencia del alcalde en una jornada ajena.
También se informó que durante la actividad se entregaron tinacos, filtros y pastillas de cloro como parte de un programa social del Gobierno de Guadalajara. Otra vez, se trata de una acción pertinente para las viviendas tapatías, pero sin relación clara con las necesidades inmediatas de la población potosina.
La pregunta no es si Guadalajara debe rehabilitar sus canchas o limpiar sus canales. Debe hacerlo, y bien por eso. La pregunta es por qué el alcalde de San Luis Potosí aparece como actor de una jornada de trabajo público fuera de su municipio, mientras la ganancia para los potosinos se queda en el terreno del discurso, el mural y la fotografía.
El acto deja una imagen políticamente atractiva, pero de utilidad pública todavía borrosa para San Luis Capital. Porque hermanar ciudades puede sonar bien; lo difícil es explicar por qué, mientras hay colonias potosinas esperando soluciones concretas, el alcalde presume corresponsabilidad con escoba ajena.
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