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| #Opinión | LAS 300 PÁGINAS DE GALINDO
• Enrique Galindo anunció que exhibirá más de 300 páginas que, según dice, forman parte de una guerra sucia en su contra, lo cual es muy loable y de reconocer, si no fuera por el gran problema de que antes de señalar hacia afuera tendría que explicar lo que ocurrió dentro de su propia administración porque el tema de las redes de ataque no apareció de forma espontánea, llegó a la agenda tras la detención de dos de sus operadoras, señaladas por presuntamente encabezar campañas digitales de hostigamiento y difamación.
• La postura del alcalde parece construida sobre una contradicción, porque se presenta como víctima de una estrategia que durante años fue denunciada precisamente por actores políticos, periodistas y ciudadanos que cuestionaban la existencia de estructuras digitales vinculadas al ayuntamiento y hoy Galindo condena las mismas prácticas que nunca quiso reconocer cuando las acusaciones apuntaban hacia su gobierno.
• Si realmente existe una red de 300 páginas dedicada a atacarlo, la pregunta inmediata es por qué no denunciarla, resulta extraño que un alcalde que asegura contar con elementos para identificar una operación organizada prefiera el espectáculo de la exhibición pública antes que el camino legal, lo que se vuelve una estrategia de control de daños políticos que una verdadera búsqueda de justicia, porque evidentemente sería un balazo en el pie.
• El alcalde también tendría que responder ¿cuánto dinero del ayuntamiento terminó destinado a medios digitales, páginas de Facebook y operadores de redes sociales durante su administración? Porque la discusión no puede limitarse a quién ataca hoy al presidente municipal, también debe incluir quién recibió recursos públicos para construir narrativas favorables al gobierno y para confrontar a sus críticos, sin ápice de equilibrio y rigor periodístico, tan burdo como aplaudir exageradamente su administración y desacreditar sin fundamento y hacer señalamientos ya no se diga de opinión, sino de ataque directo.
• La detención de personas vinculadas a estas operaciones no debería convertirse en una oportunidad para victimizarse, sino en un momento de autocrítica, porque las propias estructuras digitales que actuaron desde la cercanía con el poder municipal, la responsabilidad política no termina en quienes ejecutaban las tareas y eso también alcanza a quienes permitieron, toleraron o se beneficiaron de sus resultados.
• También conviene hacer una distinción fundamental, porque un portal de noticias crítico puede resultar incómodo para el poder porque documenta hechos, contrasta información, publica investigaciones y cuestiona decisiones públicas, mientras que una página dedicada a difundir memes, burlas, desinformación o ataques personales opera bajo una lógica que no busca informar, sino generar percepción, polarización e infodemia. Mezclar ambas cosas en un mismo saco sería tan grave como pretender que toda crítica periodística forma parte de una conspiración política.
• Galindo promete revelar nombres de páginas, sin duda está en su derecho, pero antes de señalar a 300 perfiles en internet, los ciudadanos merecen una explicación sobre las personas que operaban desde su propio entorno político, con recursos públicos involucrados y sobre las razones por las cuales ahora denuncia como guerra sucia lo que durante años fue señalado como parte del aparato de comunicación de su propio gobierno. Ahí está la verdadera historia.




