| #OPINIÓN | ¿TENEMOS ALGO QUE CELEBRAR?
— Mr. Chaac.
Ayer y hoy celebramos la Independencia de México y como cada año disfrutamos de banderas, música, comida, fuegos artificiales y, por supuesto, el tradicional grito de “¡Viva México!”.
Pero mientras veía los coches con su bandera en cofre, a las y los niños con los colores, verde, blanco y rojo en los cachetes, -y en medio de la lluvia que calló en el Centro histórico que asustó a propios y extraños- me surgió una pregunta que quizá resulte un poco incómoda: ¿Tenemos algo que celebrar?
No me refiero a la Independencia de México, por supuesto. Me refiero a nosotros. ¿Realmente somos independientes?
Esque, hay que ser ciego para darnos cuenta que vivimos en un mundo donde las fronteras son cada vez más pequeñas, dependemos de productos fabricados en otros países, utilizamos tecnología que no controlamos y buena parte de lo que pensamos, vemos y consumimos está determinado por algoritmos y ahora por la I.A.
Pero la pregunta más importante está en nuestra propia casa, me explico…
Ayer fui a comer a un restaurante y me llamó la atención una escena que seguramente muchos hemos visto, la familia sentada a la mesa, los adultos conversando (realemente viendo sus teléfonos) mientras los hijos tenían una tableta o un teléfono frente a ellos viendo Reels, series o hasta película… estaban comiendo, pero estaban en otro lugar, masticaban mientras hacían scroll.
Y pensé: ¿en qué momento dejamos que una pantalla se sentara también a nuestra mesa?
Y que quede claro, para que no digan que también busco un culpable, no creo que la tecnología sea el enemigo, el problema aparece cuando dejamos de decidir nosotros cuánto tiempo queremos darle y terminamos siendo nosotros quienes obedecemos a la pantalla, porque nos convertimos en rehenes de la tecnología y ahora con las redes sociales podemos serlo de las opiniones de los demás.
¿Cuántas veces cambiamos de opinión porque tenemos miedo de quedarnos fuera del grupo? ¿Cuántas veces pensamos algo, pero preferimos no decirlo porque no coincide con lo que está de moda? ¿Cuántas veces compartimos una opinión que ni siquiera nos tomamos el tiempo de comprobar?
Creemos que somos independientes porque podemos publicar lo que queramos, aunque muchas veces solamente estamos repitiendo lo que alguien más dijo.
También somos muy independientes para criticar.
Criticamos la inseguridad, pero no denunciamos.
Criticamos los baches, pero no los reportamos.
Criticamos la corrupción, pero cuando nosotros cometemos una infracción, lo primero que ofrecemos es dinero para resolverla.
Criticamos la mala educación de los hijos de los demás, pero no queremos reconocer la de los nuestros… Tenemos la costumbre de dejar nuestra responsabilidad en manos de otros.
Hace unos días ocurrió una tragedia que involucró a el presunto suicidio de un estudiante universitario. Y antes de preguntarnos qué estamos haciendo nosotros en casa, rápidamente buscamos a quién culpar.
A la universidad.
A la escuela.
A los maestros.
A las autoridades.
A alguien más.
¿De verdad queremos que alguien más eduque a nuestros hijos?
La Independencia de México fue mucho más que un grito y quizá hoy la palabra independencia debería volver a significar algo para nosotros, ser capaces de pensar por nosotros mismos, tener criterio propio, decir lo que pensamos aunque no sea popular, denunciar cuando algo está mal, pero también aceptar cuando nosotros estamos equivocados, dejar de vivir pendientes de lo que dicen los demás y, sobre todo, recuperar algo que parece demasiado sencillo y que estamos perdiendo, la plática, la convivencia.
Platiquen con sus hijos.
Dejen el teléfono durante la comida.
Pongan horarios para la televisión, la tableta y el celular.
Salgan al parque.
Jueguen.
Pregunten cómo les fue y escuchen la respuesta.
Porque quizá la verdadera independencia no consiste solamente en haber dejado de depender de otra nación.
También consiste en dejar de ser rehenes de una pantalla, de una opinión, de una moda, de un algoritmo o del miedo a no pertenecer.
Ayer gritamos ¡Viva México!, y en de corazón espero que, algún día, también podamos decir… ¡Viva nuestra capacidad de pensar por nosotros mismos! Quizá entonces sí estaremos hablando de independencia.








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