|#Opinión | Fragmentos de un Informe
Mr. Chaac
Fragmentos del Futuro.
“El desarrollo no puede ser carretera de un solo carril”:
Con esa frase, el lunes y martes, Ricardo Gallardo rindió ante los potosinos su quinto informe de gobierno, primero en la capital y después en Rioverde, pero más allá de los números, las obras, los programas y, por supuesto, de la inevitable lectura política que acompaña a cualquier informe, me quedé con dos fragmentos que me parecen mucho más interesantes para pensar en lo que viene.
El primero tiene que ver con el desarrollo.
Durante su mensaje habló de que el desarrollo no puede ser de un solo carril.
La frase se me quedó dando vueltas, porque quizá hemos pasado demasiado tiempo pensando que una ciudad desarrollada es simplemente una ciudad con más obras, más empresas, más edificios, más vehículos, más tecnología y más habitantes.
Pero NO necesariamente.
Una ciudad puede crecer y, al mismo tiempo, comenzar a enfrentar problemas que antes no tenía.
Mientras más grande y atractiva se vuelve una ciudad, llegan más personas, aparecen nuevas necesidades, aumenta el tráfico, cambian las costumbres, conviven distintas formas de pensar y aquella ciudad donde todos parecían conocerse termina convirtiéndose en una enorme amalgama de historias.
Eso no está mal. De hecho, probablemente sea parte inevitable del desarrollo.
El problema es que queremos todo al mismo tiempo.
Queremos modernidad, pero también queremos seguir viviendo como si fuéramos un pueblo donde todos se conocen; queremos más inversiones, pero no queremos más tráfico; queremos una ciudad atractiva para vivir y trabajar, pero a veces olvidamos que esa misma atracción también puede traer nuevos riesgos y nuevas formas de delincuencia.
San Luis Potosí ha construido durante años una imagen de ciudad relativamente tranquila, y esa tranquilidad también puede convertirse en un reto cuando una ciudad crece, porque una ciudad segura atrae personas, inversiones y familias, pero también puede ser atractiva para quien encuentra oportunidades para hacer el mal.
Entonces creo que el desarrollo también obliga a cambiar la manera de cuidar una ciudad.
No podemos tener una ciudad del siglo XXI con algunas formas de pensar y de trabajar que pertenecen al siglo pasado.
Hoy más que nunca la famosa NOTA ROJA está más viva que nunca.
Nos hemos vuelto expertos en criticar a la autoridad, y eso, en una sociedad democrática, no solamente es válido, sino necesario. El problema aparece cuando la crítica se convierte en una exigencia sin entender que detrás de cada función pública también hay personas, capacidades que deben actualizarse y responsabilidades que deben compartirse.
Quizá por eso el desarrollo no puede avanzar por un solo carril.
Necesita infraestructura, pero también educación; necesita empresas, pero también oportunidades para los jóvenes; necesita mejores policías, pero también ciudadanos dispuestos a respetar las reglas; necesita tecnología, pero también personas capaces de utilizarla para algo más que entretenerse.
Y aquí aparece el segundo fragmento que me dejó pensando: la deuda histórica que tenemos con San Luis.
Porque normalmente pensamos que la deuda es de los gobiernos con los ciudadanos.
Pero quizá nosotros también tenemos una.
Tenemos la deuda de ser mejores ciudadanos, de dejar de pensar que todo lo que ocurre a nuestro alrededor es responsabilidad de alguien más; de cuidar una calle aunque no sea nuestra, de respetar al vecino, de dejar de envidiar al que progresa, de dejar de pelear por todo, de entender que una ciudad también se construye con la manera en que nos comportamos todos los días.
Queremos una ciudad moderna, segura, competitiva y con oportunidades.
Pero quizá también tenemos que preguntarnos qué estamos dispuestos a poner de nuestra parte para merecerla.
Porque una ciudad no cambia solamente cuando construye un puente, una escuela, una fábrica o una nueva avenida.
Cambia cuando también cambian las personas que la habitan.
Tal vez esa sea la verdadera deuda que tenemos con San Luis: no solamente exigirle que sea una mejor ciudad, sino ayudarnos entre todos a convertirnos en mejores ciudadanos.
Y quizá entonces podamos entender que el desarrollo nunca fue solamente cuestión de avanzar.
También se trata de saber hacia dónde queremos ir, en unidad, con solidaridad y compromiso.
Mr. Chaac






