| #OPINIÓN | EL FUTURO LLEGA EN TREN
Mr. Chaac
Apenas hace unas semanas vino a San Luis Potosí la presidenta Sheinbaum con motivo de su informe de gobierno, pero más allá de una reflexión sobre las cifras que ofreció y del ánimo político, al escucharla me entró una nostalgia hacia el futuro.
Y es que no es menor cosa que cada día veamos más cerca el anhelo de las personas adultas mayores y el sueño de las juventudes: el tren de pasajeros.
San Luis Potosí siempre ha sido una de esas ciudades que conectan. Aquí nos concentramos personas de los cuatro puntos cardinales; me he encontrado a jarochos, chilangos, norteños, chiapanecos, campechanos y personas de prácticamente todos los rincones del país. El estado tiene algo que muchos otros quisieran: conectividad, una ubicación privilegiada y estar, literalmente, en el corazón de México.
Quizá por eso no resulta extraño que nuestra historia esté tan ligada a los caminos, a las rutas y a esa necesidad casi humana de ir de un sitio a otro.
Hoy pensamos en la carretera 57 y en todo lo que representa para San Luis Potosí, porque es una de las grandes rutas que atraviesan México, con su movimiento constante de mercancías, autobuses, automóviles y personas que llegan o se van, pero antes de que existiera esa vital carretera hubo otra gran ruta que cambió para siempre la manera de entender las distancias: el ferrocarril.
La antigua estación de San Luis Potosí, construida en 1889, fue parte de aquella idea de modernidad que comenzó a recorrer México sobre rieles. Y vale la pena detenernos un momento frente a ese edificio, en la Alameda, porque es verdaderamente hermoso, y preguntarnos qué debieron sentir los potosinos de entonces al ver llegar aquellas enormes máquinas de hierro.
Para ellos, el tren no era solamente un medio de transporte.
Era el futuro.
Hoy tenemos aviones, autopistas, teléfonos que nos permiten hablar con alguien al otro lado del planeta y mapas que nos dicen exactamente cuánto tardaremos en llegar a cualquier lugar, pero qué lástima, seguimos mirando al tren como una promesa de futuro.
Para las personas mayores, es algo que vivieron de cerca; para muchas de las juventudes, en cambio, sigue siendo una promesa que en otras partes del mundo es desde hace décadas parte cotidiana de la vida. Japón, Francia, Inglaterra, Alemania, España y tantas otras naciones construyeron alrededor de sus ferrocarriles una parte importante de su modernidad; en México, dejamos que buena parte de esa historia se detuviera.
Los trenes de pasajeros desaparecieron, pero en San Luis Potosí nunca desapareció del todo su memoria. La tenemos quienes pasamos por la Alameda y nos encontramos con esa antigua estación, con las vías y con el tren que todavía puede verse en el Museo del Ferrocarril “Jesús García Corona”, un espacio que desde hace 17 años conserva una parte de esa historia y la acerca a las nuevas generaciones.
Es curioso pensar que mientras los adultos podemos mirar ese tren y recordar fotografías, viajes o historias de nuestros padres y abuelos, para un niño puede representar algo completamente distinto: una máquina enorme, misteriosa, que alguna vez recorrió esas vías y que ahora espera inmóvil dentro de un museo.
Y ahora, de alguna manera, el tren vuelve.
El proyecto de pasajeros contempla que la ruta hacia el norte pase por Querétaro, San Luis Potosí y continúe hasta Nuevo Laredo; los trabajos de ingeniería de los tramos Querétaro-San Luis Potosí y San Luis Potosí-Saltillo forman parte de esta nueva red ferroviaria.
No sabemos todavía qué historias terminará contando ese nuevo tren.
Tal vez habrá quien lo utilice para ir a trabajar, quien viaje para estudiar, quien visite a sus padres, quien se suba por primera vez simplemente para conocerlo, quien mire por la ventana durante horas y descubra que México también puede recorrerse de otra manera.
Pero hay algo que sí sabemos: estamos muy cerquita de recuperar una imagen que durante mucho tiempo parecía pertenecer solamente al pasado, y también a ese futuro que alguna vez se quedó estancado: el tren llegando nuevamente a San Luis Potosí.
Hace más de un siglo, nuestros antepasados miraron llegar el ferrocarril y pensaron que estaban viendo el futuro. Hoy nosotros podemos mirar nuevamente hacia las vías y preguntarnos si acaso el futuro, ese que tantas veces imaginamos lleno de máquinas voladoras, ciudades imposibles y tecnología que parece de ciencia ficción, no puede ser también algo tan sencillo como volver a subirnos a un tren.
Quizá el futuro no siempre es ciencia ficción.
Quizá pronto, en San Luis Potosí, el futuro vuelva a llegar sobre rieles. Y quién sabe qué nos traerá, pero seguramente será una gran aventura.
No puedo dejar de pensar en este proyecto. Quizá porque mientras hablábamos de trenes, de hospitales, de universidades, de nuevas preparatorias y de los cientos de miles de potosinas y potosinos que hoy reciben algún programa del Bienestar, yo solamente podía pensar en una cosa: en ese tren.
Tal vez eso es lo que tienen los trenes.
Nos hacen mirar hacia adelante, pero también hacia atrás.
Nos recuerdan de dónde venimos mientras nos llevan hacia algún lugar que todavía no conocemos.
Y quizá por eso me provocan esta extraña sensación de nostalgia hacia el futuro.
Mr. Chaac






