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San Luis entra al top 10 del IMCO, pero el Ayuntamiento se adjudica más de lo que el índice permite
La capital potosina aparece en noveno lugar entre ciudades de más de un millón de habitantes en el Índice de Competitividad Urbana 2026; el dato es positivo, pero no equivale a una evaluación directa de los programas de Enrique Galindo ni borra rezagos en servicios, agua, seguridad y transparencia.
San Luis Potosí se ubicó en el noveno lugar entre las ciudades de más de un millón de habitantes en el Índice de Competitividad Urbana 2026 del Instituto Mexicano para la Competitividad, resultado que el Gobierno de la Capital presentó como reflejo de sus estrategias en infraestructura, movilidad, salud y desarrollo urbano.
El resultado es relevante y coloca a la zona urbana potosina dentro del grupo mejor posicionado frente a otras ciudades grandes del país. En el mismo ranking aparecen por arriba Querétaro, Guadalajara, Hermosillo, Saltillo, Monterrey, Mérida, Chihuahua y Aguascalientes; San Luis Potosí queda justo antes de Ciudad de México.
Sin embargo, el Ayuntamiento convierte una medición amplia de competitividad urbana en una validación casi directa de su gestión. Ahí está el matiz crítico: el IMCO no evalúa únicamente acciones municipales recientes ni califica programas específicos como Vialidades Potosinas, el Plan Emergente de Agua o el Festival San Luis en Primavera. El índice mide la capacidad de 72 ciudades, integradas por 372 municipios, para generar, atraer y retener talento e inversión, a partir de 35 indicadores agrupados en seis subíndices.
Es decir, el resultado de San Luis Potosí combina variables económicas, laborales, sociales, ambientales, institucionales, de infraestructura y seguridad. Atribuirlo principalmente al gobierno municipal simplifica una medición que también depende de dinámicas metropolitanas, inversión privada, condiciones estatales, infraestructura acumulada, mercado laboral y factores que no nacieron con la actual administración.
El reporte sí muestra fortalezas para San Luis Potosí. En Innovación y Economía aparece en séptimo lugar dentro de las ciudades de más de un millón de habitantes; en Infraestructura, en noveno; en Sociedad y Medio Ambiente, en séptimo; y en Sistema Político y Gobiernos, en octavo.
Pero incluso esos datos deben leerse con cuidado. Estar en el top 10 no significa que la ciudad haya resuelto sus problemas estructurales. La capital potosina sigue enfrentando quejas por falta de agua, dependencia de pipas, fallas en pozos, baches, alumbrado, obras detenidas, conflictos por licitaciones y cuestionamientos sobre transparencia en el uso de recursos públicos.
El propio IMCO advierte que la competitividad urbana enfrenta frenos por crecimiento económico a la baja, violencia y percepción de corrupción elevada en las ciudades. En su lectura general, el instituto señala que el crecimiento promedio de las zonas metropolitanas cayó de 4.1 a 2.4 por ciento respecto a la edición anterior, mientras que la violencia se intensificó en varias ciudades y la percepción de corrupción se mantiene alta.
Por eso, el noveno lugar es una buena noticia para San Luis Potosí, pero no una medalla sin reverso. Si el Ayuntamiento quiere presumir competitividad, debe aceptar también la parte incómoda de esa agenda: una ciudad competitiva no solo atrae inversión y turismo; también garantiza servicios básicos, reduce desigualdades urbanas, transparenta su gasto y ofrece instituciones confiables.
El ranking del IMCO le da al gobierno de Enrique Galindo un dato favorable para su narrativa pública. Lo que no le da es permiso para confundir posición estadística con prueba de éxito total. La competitividad real se medirá cuando esos indicadores se traduzcan en agua suficiente, movilidad funcional, obras transparentes, servicios constantes y una ciudad que no solo se vea bien en los rankings, sino que funcione mejor para quienes la habitan.
Puede usted consultar el documento completo dado a conocer por el IMCO:
https://imco.org.mx/indice-de-competitividad-urbana-2026-2/




